PRENSA
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Martes 30 de agosto de 2011 | La Nación
Collegium Musicum
Por Juan Carlos Montero
Con un gran encuentro de la Camerata Bariloche y el Estudio Coral de Buenos Aires se celebró el 65° aniversario de la institución educativa
Camerata Bariloche y Estudio Coral de Buenos Aires. Dirección: Carlos López Puccio. Programa: Obras de Johann Sebastian Bach, Felix Mendelssohn, Arnold Schönberg, György Ligeti y Gustav Holst. Organización: Collegium Musicum. Sala: Teatro Colón.
Nuestra opinión: excelente
Luminoso acontecimiento y milagro argentino, escribió el colega René Vargas Vera en estas páginas, al analizar un reciente concierto del Estudio Coral de Buenos Aires en el Colón, caracterizando a Carlos López Puccio como si fuera un hechicero, sin dejar de señalar el concepto de noche triunfal de la agrupación celebrando sus treinta años de historia.
Más tarde, para conmemorar el 65º aniversario del Collegium Musicum, la entidad educativa creada en 1946 con el empuje de los pedagogos Guillermo Graetzer, Erwin Leuchter, Ernesto Epstein e Hilde de Wail, se llevó a cabo -en el mismo escenario- un concierto poco habitual, también con la participación del Estudio Coral de Buenos Aires, y esos juicios se ratificaron de modo contundente al volver a escuchar Friede auf Erden O p. 13, de Schönberg, y Hortobágy y Kállai Kettös, de Ligeti, estupendas por la riqueza compositiva y la excelencia de la versión. Pero aquí el programa alcanzó mayor trascendencia al sumar obras de Johann Sebastian Bach y dos muy gratos Salmos, los 86 y 148, de Gustav Holst, a quien el tiempo le acrecentará mayor estima.
Como fue lógico que aconteciera, los dos motetes de Bach y su Concierto para dos flautas dulces, violín y cuerdas BWV 1049 suscitaron el beneplácito del público, a partir de Alabad al Señor, todas las naciones... BWV 230, composición breve y extraña por ser en un solo movimiento y carecer de melodía de coral. Con Nada temo, estoy contigo... BWV 228 cerró la primera parte, ambas obras en acertado estilo y en ensamblado equilibrio.
Del mismo modo, fue excelente la versión del último motete del programa Cantad al Señor un canto nuevo... BWV 225, para doble coro, cuerdas y órgano, partitura maravillosa en su construcción y sorprendente por las ricas ideas rítmicas y sonoras en nobles y matizadas versiones, tanto de parte del coro como de los integrantes de la Camerata Bariloche, verdadero seleccionado de instrumentistas que honran con su dedicación el rico historial de su nombre. El organista Federico Ciancio cumplió su cometido con recato e idoneidad.
En la entrega del Concierto para dos flautas dulces, violín y cuerdas BWV 1049, de la serie de Brandemburgueses, de Bach, se valoró una ejecución de muy alto virtuosismo, no sólo por la maestría de los solistas: Freddy Varela Montero, violinista magnífico por su escuela de arco y la tersura de su sonido; Andrés Spiller y Ricardo Graetzer, ambos impecables con las flautas dulces, tan delicadas y difíciles de ejecutar sin mácula alguna. De ahí el generoso, espontáneo y prolongado aplauso.
Y en medio de las maravillas de Bach, se escucharon los dos Salmos, de Holst, hermosa composición para solistas vocales, coro, cuerdas y órgano, que tuvieron en la soprano Marcela Sotelano y en el tenor Ricardo González Dorrego a dos cantantes de excelencia, no sólo por la musicalidad de ambos, sino también por la clara emisión de sus voces. Ambos ofrecieron una clara demostración de distensión y, a la vez, de comprensión espiritual con las obras y con la batuta de López Puccio.
No sólo fue un momento de delicada belleza sonora, sino también un estímulo para la reflexión sobre los valores de la creación del pasado siglo XX, al que no se debe empequeñecer con tan sólo obras vinculadas a la Escuela de Viena -y algunas de sus variantes-, sino admirando y dando a conocer la enorme diversidad de su producción musical, acaso una consecuencia del refugio anímico que muchos necesitaron para mitigar los efectos negativos de dos guerras mundiales.
Frente al beneplácito del público, López Puccio anunció agregados, como el popular merengue venezolano El enyetado, de Ana María Correa, con la intervención de un preciso maraquero, y el maravilloso contraste del Ave Verum, de Mozart, entregado con expresión recoleta y emotiva.