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Sábado 2 de mayo de 2009 | La Nación

La perfección del Estudio Coral de Buenos Aires

Por Pablo Kohan

En la apertura del ciclo Conciertos del Mediodía, el ensamble vocal que dirige Carlos López Puccio volvió a lucirse, con un repertorio inusual, complejo y muy bello

Estudio Coral de Buenos Aires. Director: Carlos López Puccio. Programa: Bach: dos Motetes BWV 225 y BWV 226; Mendelssohn: Jubilate Deo, op. 69, Nº2; Ginastera: Lamentaciones de Jeremías Profeta; Messiaen: O sacrum convivium!; Ligeti: "Fantasía crepuscular". Conciertos del Mediodía. Gran Rex.

Nuestra opinión: excelente


No hay revelaciones ni milagros. Cualquier crítica sobre una presentación del Estudio Coral de Buenos Aires no será sino la crónica de una excelencia anunciada. Todo pasa, en última instancia, tal vez a pura redundancia, por detallar qué hicieron y cómo lo hicieron. Y así, podríamos hablar de afinaciones, ajustes, voces, matices, calidad de las lecturas y otras explicaciones técnicas que, alguna más, otra menos, ya han sido formuladas con profusión y generosidad, a lo largo de casi treinta años, luego de cualquier actuación del ECBA. Por lo tanto, para ahorrar lugares comunes, parece oportuno prescindir de comentar en extenso cómo fueron las realizaciones de los dos motetes de Bach y del Jubilate Deo de Mendelssohn, algo así como el sector "tradicional" del primero de los Conciertos del Mediodía del Mozarteum. Dicho de un modo escueto, todo fue perfecto de perfección musical absoluta. En sentido contrario, es más que necesario detenerse para dar a entender cómo interpretaron tres obras corales poco conocidas, menos transidas aún y de dificultad suprema, sólo aptas para superdotados. Y el plural, en este caso, es porque el calificativo está pensado tanto para el director como para el coro.

Después de El espíritu nos asista en nuestra debilidad, el BWV 226 de Bach, presentado como si de algo sencillo y natural se tratara, López Puccio se adentró en el modernismo disonante y sacro del Ginastera de su primer período. Austero de emociones, exactamente lo que corresponde, el Estudio transparentó texturas complejas y se paseó con solvencia por cada una de las tres piezas que componen el ciclo. Continuó O sacrum convivium!, un motete de Messiaen que apenas si se eleva del silencio. Pero aún dentro del pianissimo más tenue y más sutil, el coro denotó fraseos, intenciones y colores, cualidades que hacen falta para que el misticismo y las alegorías de Messiaen tuvieran la mejor y más lograda concreción.

Antes de abordar la "Fantasía crepuscular", la tercera de las que Ligeti escribió sobre textos de Friedrich Hölderlin, López Puccio consideró oportuno contar quién fue este compositor y cuáles fueron sus objetivos y sus técnicas. Sin embargo, lo que no aclaró es que estas obras no pueden ser realizadas si el director y cada uno de los integrantes del coro que tiene que consumarlas no están preparados o si no están en estado de iluminación. Las Fantasías Hölderlin¸ de Ligeti, son de las piezas corales más complejas e incantables jamás escritas. Más o menos como los Cinq rechants de Messiaen que, por supuesto, en nuestro medio sólo los hacen Carlos y sus muchachos.

Después de la hazaña ligetiana, el Estudio presentó Canten al Señor, otro motete de Bach. Tras la avalancha de aplausos y ovaciones, fuera de programa, el ECBA ofreció, incluyendo palmas, percusión, silbidos y dos solos impecables de Silvina Sadoly y Verónica Cánaves, la primera parte de la música incidental que Bernstein escribió para una representación de La alondra, de Jean Anouilh. Fue el toque que faltaba para que la muchedumbre que se había congregado en el Gran Rex pudiera comprobar que, efectivamente, en música, la perfección es posible.


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