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Domingo 23 de diciembre de 2007 | Buenos Aires Herald

Celebrando la música clásica a la gran manera

Por Jaime Botana

Concierto conjunto con Camerata Bariloche


El coro del Maestro López Puccio suena y se ve joven: tiene apenas veinticinco años.
Desde sus inicios el Estudio dejó claro que no sería más de lo mismo: su estatura vocal y su asombroso repertorio lo han convertido en uno de los miembros argentinos sobresalientes del exclusivo grupo de los Verdaderamente Grandes del Mundo.

El Estudio Coral nunca siguió el camino fácil de complacer a los oyentes.
Más bien, nos mostró siempre lo nuevo, lo revolucionario, lo aventurado, las obras sobresalientes del repertorio contemporáneo. Sus conciertos pueden sonar tan difíciles de escuchar como de interpretar; esto es: tremendamente difíciles. Y sin embargo sus fieles seguidores son multitud.
En su constante esfuerzo por mostrarnos las últimas tendencias musicales tal vez nos sobrevaloren: su repertorio no está conformado por éxitos masivos, y no puede ser disfrutado o juzgado en una sola audición.

Su colección de excelentes grabaciones pueden ser útiles para que actualicemos nuestras preferencias musicales.
Para esta celebración de cumpleaños, teniendo en claro que se llevaría a cabo en una catedral y que la audiencia sería variada, nos regalaron dos de las más importantes obras corales jamás compuestas: el Ave verum corpus de Mozart y el motete Singet dem Herrn, de Bach, interpretadas de manera inolvidable.
Tanto así que el público rogó que las repitieran al final del concierto.

Pero, obedeciendo a su heroico mandato, también nos ofrecieron un amplio panorama de la música del siglo XX. La misteriosa Lux Aeterna de Elgar y el exquisito Madrigal de Fauré abrieron camino a obras más exigentes: la osada Un soir de neige de Poulenc, las aterrorizadoras Lamentaciones de Jeremías de Ginastera, y la maravillosa Friede auf Erden de Schönberg, una de las piezas favoritas del Conjunto (en la cual se lucen especialmente) y una de las obras más representativas de comienzos de siglo.

Estas obras exigen al oído llegar al límite de su capacidad de comprensión, pero la recompensa es grande. Cantaron la versión de 1911, con orquesta, es decir que la Camerata se sumó al coro agregando una nueva dimensión al conmovedor ruego de Schönberg por la paz en la tierra.

Sin embargo ni esta cuidadosa planificación en cuanto a la gradual progresión en libertad compositiva podía prepararnos lo suficiente para la Fantasía del Atardecer de Ligeti, inspirada por un poema de Hölderlin sobre la primavera, los anhelos, el sueño y la paz.

Ligeti, probablemente el compositor más importante de nuestros días, no sólo usa clusters (más que acordes, grupos de chirriantes y apretados sonidos) sino que además incrementa la disonancia con el uso de cuartos de tono. Una atmósfera de incrédulo impacto inundó la catedral: Ligeti produce sonidos inusitados y entrar en su mágico reino extra terrenal exige una nueva comprensión.
La interpretación, estreno Argentino, fue excepcional.

Proust observó que las obras que parecen estar más allá de la comprensión requieren de nuestro empecinado esfuerzo y de audiciones reiteradas, y que nuestra obstinación nos conducirá finalmente a amarlas más que a nuestra música favorita hasta ese momento.
¿Cuántas veces ha usted abandonado la lectura de Á la recherche du temps perdu, Ulysses o Don Quijote para darse cuenta más tarde de que son insuperables?

Una omitible nota al pie

Es posible que usted haya advertido que he mencionado una enorme cantidad de música. Sin embargo el concierto, de dos horas, no pareció largo porque estuvo lleno de sorpresas. Tal vez la obra de Mozart fue demasiado rápida para la reverberación de la catedral, tal vez la obra de Poulenc podría haberse omitido, tal vez el orden de las obras fuera discutible (la sucesión de Ginastera a Corelli resultó chocante), pero lo que no puede discutirse es que cada obra destiló talento y distinción.
Prefiero considerar a este concierto como una obertura a muchos otros, en los cuales cada participante pueda desempeñarse en un entorno más adecuado, y cuya acústica sea la que corresponda a cada uno.
Pero estos son detalles menores. A lo largo del concierto escuchamos una selección de exquisiteces y fue una velada inolvidable.

Gracias, gracias y feliz Navidad.