PRENSA
Comentarios periodísticos
Sábado 15 de diciembre de 2007 | La Nación
Encuentro de gran calidad
Por Juan Carlos Montero
Concierto de Camerata Bariloche y Estudio Coral de Buenos Aires. Solistas: Pablo Saraví y Elías Gurevich (violines). Comentarios y organista: Mario Videla. Programa con obras de varios autores, entre otros, Johann Sebastian Bach. Producción general: Collegium Musicum. Catedral Metropolitana de Buenos Aires.
Nuestra opinión: muy bueno
Fue una jornada musical novedosa, en la que se homenajeó la vital trascendencia de cinco instituciones argentinas en la coincidencia de años de labor: sesenta del Collegium Musicum (entidad que impulsó el proyecto), cuarenta de la Camerata Bariloche, treinta de Festivales Musicales, y veinticinco del Estudio Coral de Buenos Aires y de la Academia Bach. Mario Videla explicó detalles de las obras y el alcance del encuentro con su habitual claridad pedagógica. Sin embargo, más allá del festejo, aquí se señala la calidad de las creaciones presentadas y el nivel de ejecución logrado por músicos y coreutas. Y en este sentido, dejando a un lado la condición acústica de la Catedral -que acaso por su diseño es la menos apta de las que se utilizan para conciertos-, frente a una multitud que colmó la capacidad del templo, se llevó a cabo un programa ecléctico en cuanto a épocas y estilos, y de altísima jerarquía, tanto por parte de Camerata Bariloche como del Estudio Coral de Buenos Aires.
La selección ofrecida comenzó con Lux Aeterna, una transcripción de John Cameron del tema "Nimrod" de las Variaciones sobre un tema propio, más conocida por Variaciones enigma Op. 36, ya que en ellas el autor retrató a su esposa y a un grupo de amigos. Pero el tema en cuestión, de distendida nobleza melódica, fue ofrecido con tanta delicadeza y refinamiento, que logró, en contados instantes, atemperar la imprudencia de muchos desatentos habladores. Como ya es costumbre, al Estudio Coral de Buenos Aires preparado por Carlos López Puccio se lo escuchó con todo el encanto que provoca su afinación y el admirable equilibrio de las voces, tanto las cristalinas como las profundas. A renglón seguido, la Camerata Bariloche con el muy divulgado Divertimento K. 136, de Mozart, ratificó su excepcional calidad que se eleva al más alto rango cuando, como en esta oportunidad, transita por el repertorio justo para una formación de cuerdas y, a lo sumo, con solistas de instrumentos a soplo y clave.
Mágico encanto
En la tercera composición, Ave Verum Corpus, de Mozart, motete para cuatro voces, cuerdas y órgano, el recogimiento y la belleza se asociaron para un momento de mágico encanto, justamente en el acontecimiento del encuentro, ya que por primera vez en sus respectivas historias, la Camerata y el Estudio Coral actuaron en una única conformación. Y le cupo a Carlos López Puccio ser el director de tan grato acontecimiento y lo hizo con un resultado artístico superlativo.
Luego de un madrigal para cuatro voces con piano u orquesta (ad libitum) op. 35, de Gabriel Fauré que le faltó algo más de delicadeza y liviandad sonora, se escucharon dos obras fundamentales de Alberto Ginastera, su famosa Pampeana Nº 1, para violín y cuerdas, que tuvo en Pablo Saraví al virtuoso que reclama. A su definido sonido, sumó el músico su impecable escuela de arco, su sobrio fraseo y su clarísima y aplomada articulación. El gran aplauso premió con justicia su sobresaliente labor.
Lamentaciones de Jeremías profeta, también de Ginastera, fue la enjundiosa composición para coro mixto, conformada por tres motetes, estrenados por el coro Lagun Onak, con la dirección de Juan José Castro en 1947, que vino a elevar a su mejor nivel la labor del Estudio Coral. Fue significativa y gratificante la ovación del público para una obra nada sencilla y de lenguaje muy avanzado para su época.
En la segunda parte, el famoso Concerto Grosso Per la Notte di Natale, de Arcangelo Corelli, con la Camerata Bariloche y sus dos violines concertinos Pablo Saraví y Elías Gurevich como solistas, sirvió por el virtuosismo de su escritura para el dictado de una clase magistral sobre cómo se debe encarar el estilo barroco italiano. A renglón seguido, el conjunto coral abordó páginas de enormes dificultades de lectura y de apreciación estética musical, como Un soir de neige, de Francis Poulenc, Abendphantasie, de Gyorgy Ligeti, y Freide auf Erden Op. 13, de Arnold Schoenberg, acaso tres composiciones de autores trascendentes del siglo pasado que todavía no son difundidas como para que se las conozca en profundidad y en su justa medida. Fue una perla escuchar a Mario Videla en el órgano, entregando "Natividad", de la serie de Cuadros místicos, de Julio Perceval, aquel belga que tanto hizo en Buenos Aires como organista y docente, que creó un momento de majestuosa sonoridad.
Sonrisas
En la última entrega se hicieron presentes la imponencia y el genio de Johann Sebastian Bach con su motete Cantad al Señor un canto nuevo, para doble coro, con diálogos de los dos sectores, y una fuga, ¡Alabadle por sus poderosos hechos!, en la que se canta a cuatro voces un entretejido sonoro único, asombros y subyugante. Frente a la maravillosa versión, Bach se elevó a un plano celestial y su creación pareció contener el germen de todas las anteriores. La ovación sonó más enfervorizada; tanto, que se repitió una obra -¡y qué acierto!-, la única que podía estar junto a Bach, el Ave Verum Corpus, de Mozart, y los dos, ciertamente, se miraron con una sonrisa en el más allá.