PRENSA
Comentarios periodísticos
Sábado 27 de abril de 2002 | La Nación
Cerca de la perfección artística
Por Pablo Kohan
Concierto del Estudio Coral de Buenos Aires. Director: Carlos López Puccio. Programa: Messiaen: "Cinc Rechants" (selección); Poulenc: "Figure Humaine"; Tavener: "Magnificat & Nunc Dimitis"; Bernstein: "Missa Brevis"; Kodaly: "Mátrai képek". Festivales Musicales. Auditorio de Belgrano.
Nuestra opinión: excelente
Puede resultar un tanto aventurado, o riesgoso, o demasiado subjetivo, pero podría afirmarse, con un altísimo grado de certeza, que no habrá presentación del Estudio Coral de Buenos Aires que no se acerque a la perfección artística. Para que esta aseveración no suene tan temeraria habría que hacer mención a que los resultados que exhibe este coro de cámara son la consecuencia de modos particulares de trabajo, de una altísima probidad artística, técnica y profesional en el director y en los cantantes, de un elogiable espíritu amateur y de una apertura admirable en el momento de la elección de repertorio.
Este concierto no sólo ha significado el comienzo del Festival Bach 2002, el título que ha planteado Festivales Musical de Buenos Aires para su propuesta de este año, sino que también ha sido el primero de los abonos tradicionales de las sociedades de concierto que, con el dólar disparado hacia las alturas, tuvieron que ser reprogramados, en concordancia con tiempos de presente arduo y futuro inseguro. Si los muy necesarios toques vernáculos incluidos en los programas tendrán el nivel exhibido por el coro de López Puccio todo estará bien. La excelencia está garantizada. Pero, claro, sin menoscabar los valores y cualidades de ninguna otra agrupación vocal o instrumental, camarística o sinfónica, que también tienen, indiscutiblemente, sus méritos, el Estudio Coral es, sencillamente, único.
Messiaen, en exclusivo
Este concierto comenzó con tres de los "Cinc rechants", de Olivier Messiaen, una obra de extrema dificultad vocal y grupal que, hasta ahora, sólo ha sido ofrecida en el país por el Estudio Coral. Cierta contradicción visual-auditiva se genera desde el mismo principio cuando a la hiperactividad y la ampulosidad gestual habituales de López Puccio les continúan las sutilezas, las perfecciones de la afinación, la sincronización exacta y todos las intensidades e intenciones imaginables.
Superando los infinitos obstáculos que plantea la partitura -no es ocioso insistir, nuevamente, en las cuestiones de trabajo y profesionalidad- el ensamble ofreció música, poesía y arte como si de un "sencillo" motete renacentista o villancico español se tratara. Las texturas harto complejas, desde líneas sueltas, casi deshilachadas, hasta unísonos contundentes, las consonantes percutidas, las sonoridades más misteriosas y los fraseos más pertinentes se fueron sucediendo hasta conformar la verdadera gloria del canto.
Repertorio ecléctico
Con atinadas explicaciones previas a las obras, o sin ellas, López Puccio, tan inquieto y pujante cuando habla como cuando dirige, demostró su propia versatilidad y dominio y la capacidad del grupo presentando obras tan significativas como disímiles en sus discursos y en sus estéticas. Después de la obra de Messiaen, llegaron la "Figura humana", de Poulenc, tal vez la más tradicional de todas las obras del concierto -con el célebre mi sobreagudo tan temido que remata la última de las ocho canciones prolija y contundentemente entonado una octava más abajo-, el "Magnificat", de John Tavener -una obra un tanto extensa para el material que ofrece-, coronado por una paz final que atempera tanta longitud y justifica su existencia, la "Missa Brevis", de Leonard Bernstein -un compositor que, a medida que los años vayan pasando y la dirección orquestal vaya dejando de ser su principal referencia, irá ocupando el sitial de privilegio que ampliamente se merece- y, por último, "Escenas de Mátra", de Zoltan Kodaly, una obra pujante, costumbrista y de virtuosismo vocal que no significó ningún obstáculo para el Estudio Coral.
Comentar cómo fue la concreción musical o el enfoque y las lecturas de López Puccio de cada una de estas obras sería una reiteración de elogios y admiraciones. Los mismos que se deberían extender sobre el "Ave María", de Victoria, y "Despedida", de Rautavaara, las dos piezas que entonaron fuera de programa, obviamente, en el mismo nivel de excelencia.
Premoniciones
• En diciembre último, cuando en el país se escuchaban las primeras cacerolas y el gobierno de Fernando de la Rúa comenzaba a derrumbarse, el Estudio Coral de Buenos Aires dio un concierto que se anticipó en pocas horas a la renuncia de Cavallo y en un día al último viaje en helicóptero del entonces presidente. Fue en dicha oportunidad que López Puccio estrenó en el país las tres canciones de "Cinq Rechants", las mismas que ahora han vuelto a cantar y que, nuevamente, se vinculan en el tiempo con renuncias de ministros y crisis profundas. Si de malas coincidencias se trata, tal vez sea el fraccionamiento de esta obra tan bella y poética la causa de tanta calamidad. Es de esperar que el Estudio complete las cinco canciones a la brevedad y que el ciclo sea ofrecido en su totalidad. Tal vez, en ese momento, aparezcan los indicios de un tiempo de prosperidad.