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Martes 18 de diciembre de 2001 | La Nación

Brillante celebración a todo canto

Por René Vargas Vera

Concierto del Estudio Coral de Buenos Aires para festejar sus veinte años de vida junto a su director, Carlos López Puccio. Programa: tres obras de Cinq Rechants, de Olivier Messiaen, en primera audición argentina; Magnificat y Nunc Dimitis, de John Tavener; Stabat Mater para tres coros mixtos a capella, de Krzysztof Penderecki; Missa Brevis para coro a ocho voces, contratenor y percusión incidental, de Leonard Bernstein, y Figure Humaine, cantata para doble coro mixto a capella, de Francis Poulenc. En la basílica de La Merced.

Nuestra opinión: excelente


Día de paro. Buenos Aires con las calles vacías. Microcentro. Allí está emplazada la basílica de La Merced. Son las 8 de la noche. El templo está repleto de gente entusiasta. Sobre todo de jóvenes. Algunos han llegado a pie desde los lugares más distantes, como plaza Italia.

¿Quién goza de tanto poder de convocatoria? ¿Se trata, acaso, de algún cantor famoso, de un grupo de moda, de alguna celebración carismática? No. Es el Estudio Coral de Buenos Aires, cuyas 29 voces están celebrando, junto a su director, Carlos López Puccio, los veinte años ininterrumpidos de canto. Se trata del grupo más profesional y prestigioso del canto de cámara de la Argentina y América latina que, sin auspicio alguno, sin mecenas -enorme y ominosa paradoja nacional- viene ofreciendo desde su creación , en 1981, compleja y escasamente difundida música contemporánea de vanguardia, por puro amor al arte.

Un magnífico programa de mano, presidido por un simbólico collage diseñado por Verónica Dulitzky, donde se estampan una caricatura de Francis Poulenc por Jean Cocteau y una acuarela de Paul Eluard por Hermenegildo Sábat, incluye un prólogo del propio director Carlos López Puccio, el programa detallado del concierto, los nombres de sus actuales integrantes; medulares comentarios sobre compositores y obras por interpretar, escritos por su asistente de dirección: María del Carmen Aguilar; traducciones de los textos, incluyendo la versión castellana de la poesía de Paul Eluard por Claudia Faigón y Andrée Léonet, cuya música de Francis Poulenc "Figure Humaine" (que incluye las conocidas estrofas del poema "Liberté") interpretará el ensamble, y nómina completa de sus 98 integrantes, desde 1981 hasta hoy. Uno de los ideales expuestos por López Puccio para formar el Estudio Coral es el de ir más al fondo en la literatura e interpretación de músicos increíbles cuyas obras corales están allí para el grupo que se les atreva, con integrantes en los que el aporte de cada uno permita la compatibilidad de su pertenencia al conjunto con su progreso profesional individual.

Todo esto realizado con una entrega enorme, instalados como en un refugio donde se entregan al canto con un nivel y un amor que difícilmente se pueden conseguir en el ámbito profesional. En definitiva: hacer buena música (de la vanguardia contemporánea) juntos y pasarlo bien.

Como un nuevo desafío, como otra de sus hazañas el Estudio Coral de Buenos Aires acomete obras dificilísimas de Messiaen (en primera audición argentina), Tavener, Penderecki (para tres coros mixtos a capella), Bernstein (para coro a ocho voces, contratenor y percusión incidental) y la cantata para doble coro mixto a capella "Figure humaine", de Poulenc.

Cuando aparece el coro el aplauso de los melómanos, que han cubierto todos los bancos de la iglesia y sus pasillos centrales y laterales, es cerrado. Pero cuando irrumpe López Puccio la ovación llega acompañada por clamorosas voces que rubrican toda una trayectoria ejemplar por sus ideales.

A partir de allí se instala el sortilegio. La fascinación no es la misma de quien escucha al Bach, al Victoria, al Brahms, al Mendelssohn, al Schubert coral. Es otra dimensión la que experimenta el oído. Más cercana, quizás, a la de aquel precursor que fue Gesualdo. Es otro reto a la imaginación y a la percepción sonora. Es que, desde este Messiaen múltiple que acogió por igual la música hindú, griega, el canto llano y la música popular, todo este programa está aquí para sorprendernos.

Messiaen trae sutilezas como engarzadas en canto gregoriano, con todos los intervalos imaginables para mostrarse esotérico o explosivo, surcado por unísonos y cromatismos exacerbados donde caben las más insólitas experimentaciones vocales. En ese primer número ya se descubren la belleza y la extraordinaria solvencia de voces solistas femeninas. López Puccio muestra esta vez con espíritu práctico (más que por razones puramente musicales) al coro en una nueva disposición: una fila sentados y otra de pie. Todos están pendientes de sus partituras.

El Magníficat y el Nunc Dimitis, de Tavener, llegan casi sin solución de continuidad. Sobre sendos pedales (aquí sorprenden los bajos) parecen construidos estos atrevimientos armónicos, que en parte derivan en polifonías de atractivas cadencias y diseños melódico-armónicos.

Penderecki también parte, en su Stabat Mater, del canto gregoriano. Desde atmósferas sepulcrales se va erigiendo el canto, atravesado por disonancias, racimos de voces y parlatos, transfigurándose esta obra densa en un Gloria final en tono mayor.

Un clima afín -en su aspecto místico- aporta la Missa Brevis, de Bernstein, de lenguaje más transparente y menos polifónico (se suceden dos y tres voces) que alterna el recogimiento religioso con la euforia popular rematada por un carillón.

El Poulenc de Figure Humaine es otra prueba de fuego. Desde el primer número que suena a canción amable y refinada, va creciendo el discurso que aquí no se muestra ni antirromántico ni humorista, sino de una aparente diafanidad, de cuyas dificultades expuestas entre lo entrañable -cercano incluso a la vena romántica- y lo lúdico, saben muy bien los coreutas.

Esta celebración de los veinte años del Estudio Coral de Buenos Aires es otra muestra del incondicional y obstinado amor al arte de su director y coreutas. Ellos y sus oyentes comparten aquí una misma sensación: que el Estudio es un ejemplo de la resistencia cultural de muchísimos argentinos talentosos que a pesar de todas las crisis siguen prestigiando al país.


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