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Miércoles 20 de diciembre de 2000 | La Nación
La música fue protagonista
Por Jorge Aráoz Badí
Concierto en memoria del Dr. René Favaloro. Organizado por el Collegium Musicum, a beneficio de la Fundación Favaloro. Director: Carlos López Puccio. Orquesta dirigida por Mario Peruso. Participación de Luis Landriscina y Eduardo Falú. Teatro Colón, lunes 18 del actual.
Nuestra opinión: muy bueno
Aunque todo hacía suponer que éste sería un verdadero festival, cargado de emoción y notas de color, pero en el que la música sería sobrevolada, la realidad desmintió el pronóstico. Seguramente, gran parte del público le atribuyó el carácter de festival, porque la sala tardó bastante en ser ocupada después de iniciado el concierto.
Pero transcurrida la primera media hora, López Puccio logró absorber la atención de todos con su Estudio Coral de Buenos Aires y un repertorio de composiciones de gran atractivo, salidas de manos muy sensibles para la expresión espontánea e intimista.
Excavadas todas de yacimientos étnicos, las del finés Rautavaara, los dos clásicos del cancionero argentino de Carlos Guastavino, la oportunidad virtuosística con acentuación rítmica impecable en "Fuga y misterio", de Piazzolla, la aspereza desolada de las tres ingrias-rusas escritas por Veijo Tormis y "Palito de tola", de René Vargas Vera, una muy hermosa letanía, con envolvente fantasía melódica, riqueza polifónica y particular coherencia constructiva, se apoderaron de la gente de manera efectiva y placentera.
El Estudio Coral de Buenos Aires es una verdadera joya vocal entre las tan numerosas agrupaciones locales de este tipo. López Puccio consiguió de su grupo resultados de notable color, irreprochable e inteligible fraseo y gran fluidez para el movimiento musical. Sus voces logran sensualismo y teatralidad, dos cualidades centrales que, igualmente, fueron exaltadas sin decaimiento por los dos cantantes líricos de la noche, la soprano Paula Almerares y el tenor Darío Volonté, que actuaron respaldados por una orquesta formada con profesionales de los organismos de Buenos Aires, con la dirección de Mario Perusso. Antes de la segunda parte lírica, Luis Landriscina ingresó en el escenario, pero no para hacer humor, sino para limitarse a anunciar, austeramente, a Eduardo Falú. El guitarrista, con su habitual sobriedad, cantó entonces "La agradecida", un tema que dedicó especialmente a Favaloro luego de que éste lo sometió a una exitosa intervención quirúrgica.
La orquesta abrió la segunda parte con la extravertida y batiente obertura de Il Signor Bruschino, de Rossini. El canto fue comenzado por Paula Almerares con el aria más célebre de Linda de Chamounix, "O luce di quest´anima", momento central del primer acto de la ópera de Donizetti. Cantó sin los innecesarios aunque comunes alardes, pero en una justa posición belcantista . Todo estuvo en su sitio vocal, con la frescura de una joven cantante y la autoridad expresiva que caracteriza a esta muy buena intérprete argentina. Después cantó el arioso de Turandot mientras Volonté le respondía con el "Non piangere Liù" y compuso una emotiva Violeta en "¡Es extraño!", final del primer acto de Traviata.
La misma autoridad fue desplegada por Darío Volonté en la inflamada aria del protagonista de Andrea Chenier ("Un di´all azurro") y un muy visceral "Nessun dorma", de Turandot, que puso de pie a un público auténticamente conmovido. Para el bis, los dos cantantes se unieron espléndidamente para el célebre dúo del primer acto de Traviata, en una inesperada noche de buena música.