PRENSA
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Domingo 17 de diciembre de 2000 | La Nación
Los desafíos de López Puccio
Por René Vargas Vera
Concierto del Estudio Coral de Buenos Aires, dirigido por Carlos López Puccio. Programa: Figure humaine (1943), de Francis Poulenc -primera audición argentina-; Stabat mater, de Krzysztof Penderecki; Führ wahr, er trug unsere krankheit, op. 12, de Hugo Distler; Morsian y Lähtö, de Einojuhani Rautavaara, y Ho, Villy O!, de Kirt Weill. Organizado por la Comisión Arquidiocesana para la cultura y el Incucai. En la Basílica de La Merced, Reconquista 207.
Nuestra opinión: excelente
Un nuevo desafío artístico -en sus ya veintiún años de trayectoria- asumió el Estudio Coral de Buenos Aires junto a su director, Carlos López Puccio.
Del complejo y escasamente transitado repertorio contemporáneo ha exhumado esta vez, en calidad de primera audición argentina, el ciclo de canciones que con el título de Figure humaine compuso el francés Francis Poulenc, sobre versos de uno de sus poetas preferidos: Paul Eluard. (El otro fue Guillaume Apollinaire).
A lo largo de los ocho números de esta obra escrita para doble coro mixto se puede disfrutar en detalle del lenguaje entre neoclásico y atonal con que Poulenc expresa minuciosamente cada texto. Desde el primer número (De tous les printemps de monde) hasta el octavo (Liberté) Poulenc nos va llevando de la mano por insólitos caminos melódicos y armónicos, fruto de su eclecticismo. La inicial trama transparente ya nos sorprende, de pronto, con inesperadas resoluciones en la armonía. A partir de allí se irá desatando el ovillo de su poderosa inspiración, ora en los desafíos rítmicos y acórdicos de En chantant les servantes s´élancent, ora en la gravedad de los registros bajos para Aussi bas que le silence, ora en el suspenso, la unción y los ascensos líricos de Toi ma patiente.
Por entre el extraordinario don melódico de Poulenc (plasmado tanto en canciones como en obras corales a capella), que pareciera haber nacido naturalmente por entre las voces, es claramente perceptible la fascinación del músico por la palabra del poeta. El suyo es, nuevamente, un retrato espiritual donde la aparente claridad (y hasta la presunta sencillez) se dan la mano con repentinas complejidades del lenguaje musical, donde tienen cabida desde la alegría sincera hasta la truculencia rabeliana.
En este caleidoscopio sonoro también caben el bellísimo melodismo de emoción romántica de Le jour m´éttonne et la nuit me fait peur y el ritmo inquieto y el motivo canónico de palpitante dramatismo de La menace sous le ciel rouge, cuyas tensiones cercanas al atonalismo derivan en coral de religiosa unción.
Naturalidad y originalidad se han ensamblado en voces de increíble ductilidad como son las del Estudio Coral de López Puccio. Una vez más coreuta y director nos acercaron a otros hallazgos de la música contemporánea que sin su plasmación permanecerían mudos en los pentagramas.
Un cuadro de dolor humano
En la segunda parte del concierto nos es dado hundirnos en las profundidades del Stabat mater de Krzysztof Penderecki. El músico ha construido, desde el pórtico de canto gregoriano -que luego regresará en algún punto- hasta los cluster anotados (no aleatorios) de voces verticales, un universo de imponentes disonancias y resonancias.
Todo para expresar, del modo más atrevido y experimental, ese cuadro de dolor humano de la crucifixión: María, la madre, frente a Jesús, el hijo en la cruz. Largas notas, susurratos y parlatos, son parte de una trama donde la vanguardia se da la mano con la devoción.
Luego llegará el severo, austero y profundamente religioso motete Führ wahr, er trug unsere krankheit, op. 12, nº 9, para Semana Santa, de Hugo Distler, de clara concepción armónica clásica, aunque enriquecido por descendentes cromatismos y oleajes transidos de emoción, que parecieran acercarnos, por un momento, a obras sacras de Brahms o Mendelssohn.
Hacia el final, el Estudio Coral asume dos obras de Einojuhani Rautavaara: Morsian (la novia), de clima esotérico y sutiles acentos, y Lahto (la partida), de complejidades rítmicas y cromáticas, que evidencian el profesionalismo de sus coreutas, para concluir con la festiva, eufórica y estrófica Ho, Billy O!, de Kurt Weill.
El coro se da espacio para regalar obras del folklore o inspiradas en él. Una es el endiablado merengue de "El periquito"; otra la venezolana "El corrío de los pájaros", y en el medio las tres Canciones Ingrias, de Veljo Tormis. Al internarse en ellas el coro demuestra que su ductilidad no se reduce a transmitir, como pocos, las obras complejas de la vanguardia de este siglo, sino que sabe transitar por la euforia de los ritmos populares con idéntica entrega y autoridad.